Estrategias comunicativas-pedagógicas alternativas (1)

Por: Carlos Soto

Por mi ámbito de acción a pie de patio y en ‘cara a cara’, durante las protestas de la universidad pude ver y vivir un gran problema de escucha y de diálogo. Nuestras actitudes, posicionamientos y decisiones van en contra del justo reclamo discursivo de consenso e inclusión. El ‘ego’ está tan arraigado en nuestro proceder que en el mejor de los casos un individuo quiere la solución de los problemas exigiendo el seguimiento de los demás a sus ideas sin posibilidad de discusión o debate.

Como no somos capaces de resolver los conflictos con nuestras habilidades es necesario introducir un artificio que cumpla varias funciones: romper el círculo vicioso de la NO escucha; apalancar del diálogo con un objeto neutral que brinde una semilla de consenso; distraer los mecanismos cerebrales programados a la defensa de las ideas propias e impermeabilidad a las ajenas; inducir cierto grado de placer y recompensa por el hecho de enfrentar un problema lo que puede ayudar a reprogramarnos; ser fácilmente entendible y reproducible; ser símbolo de reconciliación, entre otras que se pueden ir descubriendo.

Con esa premisa llegué a la siguiente idea; crear la ficción de un medicamento llamado “La pastilla que resuelve los problemas de la Universidad Autónoma del Caribe”; así, con ese nombre largo, ya es una declaración de intenciones y por lo absurdo de su longitud pretende llamar la atención de la parte cerebral curiosa que no está participando en el debate. La pastilla puede no ser tangible, pero si lo es considero que es mejor para reforzar el llamado de atención a los otros sentidos y así disminuir el porcentaje de prevención enfocado a taponar el oído. Yo estoy usando “bolitas” o golosinas duras para la puesta en escena.

Lograda la atención de las personas, se explican sus “efectos”: “hacer que la gente se ponga de acuerdo”, “hacer que la gente escuche”, “reconciliar a la gente terca”, etc. La pastilla es milagrosa y de efecto viral si se usa de acuerdo a una “posología” o modo de empleo. La píldora debe tomarse para chupar justo cuando una persona nos está hablando; si hablamos nosotros mientras escuchamos “las cuerdas vocales producen una sustancia que inhibe el principio activo del medicamento”. No tiene “dosis” mínima, ni garantía de un mínimo de repeticiones para lograr el efecto definitivo, por lo que ante la “urgencia” “lo mejor” es buscar las personas con las que menos transigimos, y repetimos tomas hasta que “los problemas de la Universidad Autónoma del Caribe se resuelvan”.

Esta estrategia es recomendable que se haga con preparación técnica y actitud 100% coherente porque lograr el diálogo es como buscar una aguja en un pajar mientras se juega el limbo. Es muy alta la responsabilidad de aprovechar las improbables y efímeras ventanas de diálogo. Un ejemplo delicado: si alguien me dijera que el único camino es Jesucristo; puedo decirle tranquilamente que “el medicamento no está contraindicado cuando se toma en simultáneo con la oración”.

No sigo un estudio riguroso de la eficacia de esta técnica. Solo puedo dar mi experiencia y he llegado a sentir que sí ha hecho efecto. Incluso lo creé como búsqueda de un medio para hacer las paces con un compañero de trabajo al cual enfrenté con toda razón pero sin darle oportunidad de repararse conmigo.

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