Hacia la constitución de un campo agonístico en la UAC: acuerdos básicos sobre el trámite de las diferencias

Para algunos teóricos de la economía política como Williamson (1985), el desarrollo de una sociedad se puede medir no solo ni principalmente por los recursos disponibles y la producción económica, sino por la capacidad como comunidad política para resolver sus diferencias más profundas, para aprender de ellas y no a pesar de ellas, como lo decía el maestro Estanislao Zuleta.  En palabras del Banco Mundial, la capacidad de coordinación colectiva de las sociedades estaría en la base de sus posibilidades emancipadoras

En Colombia, tenemos dificultades profundas de acción y coordinación colectiva de las diferencias. La prueba de esto son las exacerbadas conflictividades políticas, económicas y sociales que nos atraviesan y que han caracterizado nuestra historia, marcada por el uso sistemático de la violencia, o en el mejor de los casos, de la negación y exclusión del otro, que han imposibilitado el desarrollo de un proyecto sostenible de nación. En términos de Nancy Fraser (2000), tenemos problemas de reconocimiento y distribución, cuya solución, antes que pretender lograr una sociedad utópica ajena a los conflictos, pasa por fortalecer las capacidades colectivas para reconocerlos e integrarlos en matrices flexibles y cambiantes de resolución.  Gramsci ya nos enseñó que el concepto de hegemonía es más complejo que el concepto marxiano de la dominación dura y pura, porque el primero introduce el elemento cultural en el proceso, evidenciando, de acuerdo con interpretaciones pos-estructuralistas como las de Mouffe y Laclau, que es posible construir acuerdos agonísticos entre la diferencia política, que nos evite caer en lo que Estanislao Zuleta llama la concepción paranoide de la lucha o el antagonismo existencial de amigo-enemigo totalizante. El reconocimiento entre todos como adversarios legítimos debe partir de acuerdos implícitos o explícitos, de incluir y reconocer al otro, y no excluir y despojar. Los conflictos internos son entonces la base de una identidad política articuladora de la diferencia.

En el caso de la UAC, se han configurado una serie de actores y manifestaciones sobre la superación de la crisis, que coinciden al menos en la letra y el discurso, en el mismo propósito de salvar la universidad de la presunta corrupción y mejorar la calidad del servicio educativo. Este marco general, abre el compás para la constitución de marco agonístico en proceso y reformulación, que permita la integración y negociación de las diferentes posiciones e intereses, pero que a la vez, facilite el proceso contra-hegemónico iniciado en este nuevo ciclo en contra de la repetición de las sucesivas crisis que nos han afectado gravemente por segunda ocasión.  Tan importante como seguir agenciando nuestros puntos de vista particulares y nuestras diferencias, lo es también el constituir un acuerdo metodológico, procedimental y ético para el diálogo, la convivencia y el desarrollo de los conflictos de todo tipo que emergieron con la última crisis de la UAC.

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