Reflexiones sobre la crisis y el Acuerdo

Por: Jairo Ibarra Lozano

 

Quienes saquearon e hirieron de muerte a la universidad por los delitos cometidos ponen a toda la comunidad universitaria en un reto histórico que debemos asumir con dignidad, valor civil y responsabilidad; si lo hacemos  podremos, como el ‘ave fénix’, recuperar la grandeza y la honra hoy mancillada de nuestra amada alma mater.

Con el acuerdo suscrito el día  8 de marzo con el sindicato, el gobierno interino de la universidad y los funcionarios del Ministerio de Educación se dio un gran paso que debe preparar el camino para continuar fortaleciendo la organización de toda la comunidad universitaria, de su unidad, para que se pongan al día con los salarios y la seguridad social de todos (profesores de planta, catedráticos, y trabajadores en general). Gran logro el haber acordado la reforma de los estatutos que deberán ser elaborados y legitimados por la asamblea conformada por todos los estamentos  y ojalá se incorpore en la misma la figura del claustro como instancia del cuerpo académico para tratar temas relativos a la forma como deben llevarse los proceso misionales de la institución.

Se deben utilizar las asambleas deliberativas  para continuar analizando la actual situación llegando a consensos sobre la toma de decisiones, e impedir malos entendidos y confusiones  que nos hacen perder de vista lo fundamental para la salud de la institución; hasta el momento no se ha escuchado la voz de los vicerrectores y de los decanos, sería bueno antes de reanudar el calendario académico, los directores se han expresado y han tomado partido, es bueno saber la opinión de todos los actores de manera sincera y transparente; el daño y el impacto causado nos obliga a tener un criterio claro como ciudadanos y como educadores, no es hora para el silencio y la indiferencia y menos para la confusión es el momento propicio para ponernos de pie, y con sentido firme y con grandeza demostrar la valentía para reconstruir la institucionalidad y ganarnos el respecto como comunidad ante la sociedad que nos mira expectante y compasivamente. No esperemos que la solución nos venga de afuera y menos desde los políticos de la parroquia que de manera complaciente contribuyeron a herir de muerte nuestra institución.

Seguiremos reflexionando e invito a quienes quieren salvar a la universidad a que lo hagan, para reconstruir la memoria y no haya repetición de estos vergonzosos hechos.

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